En 1982, tres años después de aprobado el Estatuto de Autonomía, el Gobierno Vasco tomaba la iniciativa de crear un Museo de la Técnica de Euskadi planteando un proyecto
dotado de presupuesto, personal y ubicación en Barakaldo. Se trataba de una iniciativa que le homologaba a las más modernas administraciones del momento, respetuosa con su historia reciente y consciente del valor de transmisión del mundo industrial. Fábricas y máquinas son testimonios de gran fuerza expresiva, evocadores de valores universales relativos al trabajo, al esfuerzo, al ingenio, transmisores de ideas instintivas de modernidad y progreso.
El proyecto junto al del Museo de la Ciencia y de la Técnica de Cataluña, fue pionero en España. En ambos países la industrialización había alcanzado un gran desarrollo y las nuevas administraciones autonómicas consideraron un deber salvaguardar la herencia de su pasado industrial. Además el Gobierno Vasco realizó otra iniciativa única y de gran importancia para la protección y gestión del patrimonio: el Inventario del Patrimonio Histórico Industrial Vasco, un auténtico repertorio de instalaciones industriales anteriores a 1936.
Pasados lo años el proyecto de Museo de la Técnica, se ralentizó hasta que, en 1997, la idea de Museo quedó totalmente paralizada.
La propuesta que ahora presentamos para la creación del Euskal Industria Museoa, coincide de nuevo con la ampliación del Inventario del Patrimonio Industrial del País Vasco hasta los años sesenta. Así pues, el proyecto del Euskal Industria Museoa se presenta en un momento de gran actividad alrededor de este patrimonio. Por un lado es un patrimonio cultural, de enorme riqueza material e inmaterial, sometido a enormes presiones y cada vez más mermado. Y por otro lado, hay nuevas sensibilidades que tienen mucho que ver con la sociedad del ocio y con el uso del pasado como bien presente, que están actuando sobre este patrimonio. Es éste un debate abierto en toda Europa, con problemas comunes en todas aquellas naciones con herencia industrial importante.
Como ejemplo de estas tendencias hoy en día en Euskadi existen una veintena de instalaciones industriales musealizadas de muy distinto carácter y con sistemas de gestión mixtos (público/privado). Es una realidad que dista mucho de la que existía cuando se pergeñó el primer proyecto de Museo y un claro ejemplo de la sensibilidad actual. Son iniciativas que han buscado respuestas a cada caso concreto, pero de una forma desarticulada. En alguno de los casos se pueden considerar satisfactoriamente realizadas pero con ellas no se alcanza un nivel aceptable de representación de la historia económica y social común que, a lo largo de poco más de 150 años produjo un cambio radical de la sociedad vasca: su entrada y plena instalación en la modernidad.
Desde la década de los ochenta, durante los veintitantos años transcurridos desde las primeras ideas de Museo de la Técnica, el tejido industrial vasco ha cambiado por completo y con él, como no puede ser de otro modo, el tejido urbano y sociológico. Hoy en día el País Vasco afronta con éxito los retos del siglo XXI y esto es posible porque su cultura laboral, su capacidad para hacer frente a los nuevos desafíos económicos se fundamenta en su fructífero pasado productivo. La sociedad vasca aprovechó las oportunidades de prosperidad que se le brindaron en el siglo XX, y tiene la oportunidad de hacerlo también en el futuro.
Es necesario un Museo que represente y simbolice nuestra identidad como pueblo industrioso y emprendedor por la que somos reconocidos y respetados, que enlace nuestro pasado reciente con la actualidad productiva de Euskadi que, no en vano, sigue siendo industrial.
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